jueves, 1 de junio de 2017

"Si el pampero la acaricia"



En 1986 el colectivo multidisciplinario “Ediciones de Uno” publican el casete “Si el pampero la acaricia” un trabajo editado por el sello Ayuí / Tacuabé (A/E 53 K) que contó con la coproducción de CEMA (Centro de Medios Audiovisuales) marcando un punto de quiebre en la forma de recibir la poesía uruguaya. La novedad tenía el proemio de los años anteriores (arrancado en 1982 hasta 1994) trabajando para sacar el fenómeno poético de la esfera del libro, llevando la poesía a la presentación en vivo, la performance multimedial con actores de otras expresiones artísticas: músicos, plásticos, titiriteros, etc. Inusual trabajo discográfico por un colectivo de poetas: Agamenón Castrillón, Daniel Bello, Luis Bravo, Gustavo Wojciechowski, Héctor Bardanca y Miguel Ángel Olivera que abrió intransitadas posibilidades de trabajar otros soportes para el decir poético.


domingo, 7 de mayo de 2017

Allen Ginsberg y William S. Burroughs. Las cartas de la ayahuasca. (1953-1963)





“Entré en una cantina y tomé aguardiente y puse música de las sierras en la máquina automática. Hay algo arcaico en esa música que resulta extrañamente familiar, muy antiguo y muy triste. Indudablemente no tiene origen español, ni tampoco es oriental. Música de los pastores tocada en un instrumento de bambú parecido a una flauta de Pan, preclásico, etrusco quizás. Una música similar he oído en las montañas de Albania, donde subsisten elementos raciales pregriegos, ilirios. Esa música traía una nostalgia filogenética, ¿de la Atlántida?”

“Guayaquil. Todas las mañana se oye el clamor de los chicos que venden Luckies por la calle: ¿Seguirán gritando “a ver Luckies” de aquí a cien años? Miedo de pesadilla del estncamiento. Horror de quedarme finalmente clavado en este lugar. Ese miedo me ha perseguido por toda América del Sur. Una sensación horrible y enfermiza de desolación final.”

“Hablo del sudamericano en su mejor expresión, una raza especial en parte india, en parte blanca, en parte sabe Dios qué. No es, como suele pensarse al principio, fundamentalmente un oriental, ni pertenece a Occidente. Es algo especial, distinto a cualquier otra cosa. Se ha visto impedido de expresarse por los españoles y la iglesia Católica. Lo que se necesita es un nuevo Bolívar que realmente arregle las cosas. Pienso que esto es lo que esencialmente está en juego en la guerra civil colombiana: la escisión fundamental entre la potencialidad sudamericana y la represión española, temerosa de los tabúes. Nunca me sentí tan decididamente de un lado e incapaz de percibir alguna característica redentora del otro. América del Sur es una mezcla de razas todas ellas necesarias para alcanzar la forma potencial. Necesitan sangre de blancos, como lo saben –el mito del Dios blanco- y qué es lo que consiguieron sino esa porquería de españoles. Con todo tuvieron la ventaja de la debilidad. Nunca hubieran conseguido echar a los ingleses de aquí. Hubieran creado esa atrocidad conocida como un País de Hombres Blancos.
América del Sur no obliga a la gente a ser anormal. Uno puede ser homosexual o drogadicto y no obstante conservar su posición. En especial si uno es educado y tiene buenos modales. Hay aquí n gran respeto por la educación. En los Estados Unidos uno tiene que ser un anormal o vivir en un lúgubre aburrimiento. Hasta un hombre como Oppenheim es un anormal, tolerado por su utilidad. No te equivoques, todos los intelectuales son anormales en los Estados Unidos”

“Tomé una taza, un líquido un poco viejo, preparado hacía varios días y por consiguiente algo fermentado; me acosté y al cabo de una hora (en una choza de bambú afuera de su cabaña, donde cocina), empecé a ver o a sentir lo que me pareció el Gran Ser, o algún sentido de Eso, que se aproximaba a mi mente con una gran vagina húmeda, me acosté en ella durante un rato, la única imagen que puedo identificar es la de un gran agujero negro de la Nariz-Dios a través del cual yo atisbaba un misterio, y el agujero negro rodeado por toda la creación, en especial, serpientes de colores, todo real.
Su sentido era de tal manera real que me pareció ser de algún modo lo que esa imagen representaba.
El ojo es una imagen imaginaria, que da vida al cuadro. También una gran sensación de bienestar en mi cuerpo, nada de náuseas. Se prolongó en distintas fases unas dos horas, los efectos pasaron al cabo de tres horas, la fantasía misma duró desde tres cuartos de hora después de haber bebido hasta dos horas y media más tarde aproximadamente”.

domingo, 15 de enero de 2017

René Daumal: un poema



La caída

Sobre el oro combustible delante de los mares y los vientos,
a mi derecha y a mi izquierda, que aún no existían,
mis cabezas en potencia brotaban del cobre
y robaban el clarinar.
Pero faltaba una oreja para escucharlos,
y acá estoy ante mí mismo, la bestia,
el sonido se recibía en mangas profundas,
y acá estoy ante mis llagas, la luz
bajo sus colores impenetrables, y el ojo ve
y acá estoy ante mi cuchillo, mi mirada
en un espejo a la vuelta de la esquina,
ante el asesino mi doble
oh, te amo sólo a vos,
en el nombre de que sólo amo lo que amo,
me has dicho, el acero de tus ojos en los míos muertos:
“Yo mismo, oh, mi piel mojada en ese agujero, en lo negro,
yo mismo, oh, vos, en el revés negro de mi piel,
te quiero íntegro porque sólo vos me faltas para la plenitud,
te quiero íntegro porque te han cortado de mí,
sos un agujero, sos mi vértigo
como yo soy el agua negra siempre bajo tus talones,
más profundo que un yunque cayendo desde hace siglos,
sos un agujero en mí, y en todo”

¡Serpiente de oro, todavía no te devoraste!
Y el mar engendrará tu refugio siempre.
Él, al ir yo entre olas de pirámides
encastradas bajo la bóveda y ya derrumbándose
en el agua negra de mis talones,
reventó sobre mí sus otras tormentas y vientos,
el aullador volvía
y yo me derramaba en el mar, con el mar,
los paseantes de la calle ya no conseguían verme
en toda esta transparencia, cristal sin burbuja…
de repente todo se perdió en la náusea
mis múltiples caras renacían para ensordecerme,
no había querido, no había gritado quizás,
serpiente de mar, círculo de oro de las arenas
                                               donde se incuban tus huevos,
el sol, tu hermano, abriga aún tu semilla,
tu gloria y tu fama, mis manos,
¡y decís que voy a pudrirme!
¡y decís que voy a renacer!
y te veo orando orando con el rosario de mis cadáveres
al filo de las tormentas de horas y astros en alto
océanos debajo;
¿y decís que voy a morir?
Destituido mi rol de estrella por un fantasma,
esta vana boca-agujero,
engañado, siempre engañado, corro por tu hocico, hermano,
tus dientes de mármol aprietan
al decirme:
“Es el fin, el final de la vuelta,
no quisiste
no quisiste
vas a vivir con tus millones de caras, las mías,
y viviendo y ahondando como una arruga en mi frente
sembrá la risa de la serpiente
en la orilla de los mares;
mordé la sirena que te acaricia la nuca,
sangrá y mordé y regresá,
no quisiste, es el final de la vuelta
no te engañaron.
Y después escuchá por siempre
y para todos el rosario de rosarios de rosarios
de vueltas y para siempre yo soy quien soy
y volvé, agujero, falso vacío, y estallá
cuando puedas”

Las paredes de las calles vieron mi cabeza;
no me vieron estallar.
¡Vacío de vacío de vacío! último trago
retenido en la espuma, millón de burbujas,
mis caras,
sus caras,
¡las que estallarán conmigo!  

René Daumal (2014) Obra poética completa. Córdoba: Alción.

lunes, 9 de enero de 2017

Andy Warhol entrevistado por Gerard Malanga



Pregunta: ¿Nombre y dirección?
Respuesta: Me llamo Andy Warhol. Vivo en la avenida Lexington, en Nueva York, pero paso la mayor parte del tiempo en la Factory, en la calle 47 Este.
P.: ¿Cuál fu su último empleo?
R.: En la zapatería I. Miller.
P.: ¿Cuál es su profesión?
R..: Soy propietario de una fábrica.
P.: ¿Tiene una profesión secreta?
R.: Soy artista publicitario.
P.: ¿Tiene una profesión secreta?
R.: Sí.
P.: En caso afirmativo, ¿cuál es?
R.: No tengo ni idea.
P.: ¿Por qué no está haciendo lo que debería estar haciendo?
R.: Porque hago películas.
P.: ¿Las circunstancias le permiten hacer lo que debería hacer?
R.: No.
P.: ¿Qué escapada de su control?
R.: ¿Qué quiere decir?
P.:¿Por qué deberían contratarle?
R.: Porque soy de fiar.
P.: ¿Le debe algo la sociedad?
R.: Sí.
P.: Si es feliz haciendo lo que hace, ¿debería cobrar por ello?
R.: Sí.
P.: En caso afirmativo, ¿por qué?
R.: Porque me sentiría mucho más feliz.
P.: ¿Y cuánto debería cobrar?
R.: Tanto como yo quisiera.
P.: ¿Es humano?
R.: No.
P.: ¿Por qué responde así?
R.: Porque soy sensible.
P.: Si es infeliz, ¿debería cobrar por ello?
R.: Sí.
P.: ¿Quién debería estar exento de pagar?
R.: Las personas con talento.
P.: ¿Por qué?
R.: Porque pueden hacerlo sin problemas.
P.: Si fuera estúpido, ¿podría seguir haciendo lo que hace?
R.: Sí.
P.: En caso afirmativo, ¿por qué lo hace?
R.: Porque no soy muy listo.
P.: En caso negativo, ¿deberían indemnizarle por ello?
R.: Sí.
P.: ¿Su físico incide en lo que hace?
R.: Sí.
P.: ¿De qué modo?
R.: Porque, a veces, cuando me engordo por haber comido demasiado, me deprimo
P.: ¿Qué necesita?
R.: Nada.
P.: ¿De dónde habría de venir lo que necesita?
R.: De Dios.
P.: ¿Qué es usted?
R.: Un hombre.
P.: ¿Qué sabe?
R.: Nada.
P.: ¿Le alegra saberlo?
R.: Sí.
P.: ¿Le compensa?
R.: Sí.
P.: ¿Cuánto?
R.: Nada.
P.: ¿Debería compensarle?
R.: Sí.
P.: ¿Qué le gustaría olvidar?
R.: Todo.
P.: ¿Está contento de ser quien es?
R.: No lo sé.
P.: ¿En qué medida afecta todo esto a nuestras pautas educativas?
R.: No afecta.
P.: ¿Conocer a la gente adecuada es más maravilloso que terrible?
R.: Sí.
P.: ¿Por qué?
R.: Porque son la gente adecuada.
P.: ¿A quién conoce?
R.: Prácticamente a nadie.
P.: ¿Está seguro de que los conoce?
R.: No estoy seguro de nada.
P.: ¿Qué certezas tiene?
R.: No tengo ninguna certeza.
P.: ¿Podría contratársele por ese motivo?
R.: Supongo que lo importante no es aquello de lo que no estoy seguro, sino aquello que puedo hacer.
P.: ¿Cómo puede ayudar?
R.: Puedo ayudar haciendo las cosas bien.
P.: ¿A quién quiere ayudar?
R.: A aquellos que se merecen que se les ayude.
P.: ¿Existe alguna relación necesaria entre querer ayudar y el valor potencial de la ayuda?
R.: No.
P.: ¿Por qué no?
R.: Porque querer ayudar no supone necesariamente prestar ayuda; por lo tanto, no puede existir un valor potencial.
P.: ¿Sus respuestas a las preguntas anteriores le convierten en alguien útil para la gente?
R.: No es tanto que yo sea útil a la gente como que esa gente me resulte útil a mí.
P.: ¿Sus respuestas a las preguntas anteriores le convierten en una especie de comunista?
R.: No, pero me han considerado platónico.
P.: Por favor, háblenos de usted.
R.: Ya lo he hecho.

Andy Warhol. Entrevistas (2010). Barcelona: Blackie Books.